Meditación de la Semana.
Domingo 19 del Tiempo Ordinario
Son muchos los temores, las dudas que me invaden: miedo a mí mismo, miedo a la gente, miedo a la vida, miedo ante el futuro, miedo a decidir, a equivocarme, miedo a todo.
Las olas me zarandean, el remar contracorriente me cansa.
Y es cuando oigo tu voz, voz amiga, conocida para mis oídos, que me dice: ¡Ánimo soy yo, no tengas miedo!
No permitas que cuando en la noche de la vida, sienta la fuerza del viento contrario y el empuje de las olas me porte como como hombre de poca de fe.
Dame tu mano, Señor, y agárrame para seguir adelante en la aventura que es creer, para avanzar más allá de las seguridades razonables, apoyándome en mi confianza en ti.
Que descubra tu paso en mi existir, en el susurro, en la brisa de tu ternura que acaricia mi rostro.
Aumenta en mi corazón el Espíritu de hijo y que postrado ante ti puede reconocerte y decirte: Realmente eres Hijo de Dios.