Meditación de la Semana.
Domingo 18 del Tiempo Ordinario
Como a aquellos a los que saciaste de pan yo también te sigo y te busco.
Te busco en la sonrisa y en el llanto de un niño, en la mirada de dos enamorados.
Te busco en la familia que me has dado.
Te busco en el enfermo o anciano al que visito.
Te busco en cada amanecer que me regalas y en atardecer que me ofreces.
Te busco en tu palabra, siempre tan enriquecedora
Te busco en mis dolencias y enfermedades, que a veces me desesperan.
Te busco en el trabajo bien hecho y en quehacer de cada día.
Te busco en el sacrificio ofrecido y a veces rehusado.
Te busco en el que no tiene hogar, en el que lejos de su tierra se labra un futuro.
Te busco en el silencio de la oración y en la soledad de mi vida.
Te busco en el que me pone nervioso y me incomoda.
Te busco en sacramento del perdón donde me acaricias con la ternura de tu misericordia.
Te busco en cada sagrario donde esperas mi compañía.
Te busco, porque creo que eres el enviado, el Pan de vida que sacia mi hambre. Te busco y ¡cómo te encuentro!