Meditación de la Semana.
Domingo 14 del tiempo Ordinario
Hoy te bendigo, Padre, Señor de cielo y tierra,
porque mediante tu sabiduría de la fe y el amor,
revelas a los pequeños lo que ocultas a los grandes,
iluminas con tu luz a los sencillos que te buscan.
Abre mi corazón para escuchar y entender tu Palabra de vida,
para descubrir los signos de tu amor y tu ternura, para conocerte como Padre, para amar al prójimo y vivir contigo para siempre.
Y te doy gracias por lo que hoy nos dice Jesús: venid a mí todos los cansados y agobiados; yo os aliviaré y encontraréis en mí, vuestro descanso.
Gracias porque tu ley se basa en la amistad y el amor, que dan libertad y confianza, que nos libera de un religión triste y estéril.
Gracias por tu manso y humilde corazón donde puedo recostar mi fatiga y cansancio, donde siento el calor de tu amor para llevar el yugo y la carga de cada jornada.
Te pido que me hagas sencillo, que me libres de mi orgullosa autosuficiencia, que descubra cada mañana la novedad de cuanto sucede, aunque me parezca que todo sigue igual.
Que me encuentre entre los que tienen ojos para ver y oídos para oír.
Que tu Espíritu habite en mí para vivir tu vida y poder ensalzar y bendecir tu nombre por siempre jamás, Dios mío, mi rey.