Meditación de la Semana
Cuarto domingo del Tiempo Ordinario
Quiero ser bienaventurado, Señor
Tengo hambre y sed de alegría. Quiero ser feliz siempre.
Tus bienaventuranzas me entusiasman, tus indicaciones de felicidad, tan precisas, tan claras, las han experimentado y experimentan millones de personas que se han fiado
y han confiado totalmente en Ti, Señor.
Mensaje que no se ha desgastado con el paso del tiempo,
ni ha sido superado.
Programa valiente para hombres valientes,
hombres que en el tiempo de hoy quieren ir contracorriente.
Bienaventuranzas que nacen de la cruz pero que conducen a la gloria.
Quero ser bienaventurado, Señor. Ser pobre de espíritu, manso, llorar y sufrir con los que lloran y sufren, tener sed de justicia; ser misericordioso y limpio de corazón. Trabajar por la paz y padecer insultos, injurias, mentiras por defenderte Señor y proclamar tu Evangelio. Pero muchas veces no doy la talla, Señor, tú lo sabes.
Quiero ser bienaventurado, hazme bienaventurado, Señor Jesús.